sábado, 7 de abril de 2012

Rocca Bianca, mi primera ferrata piamontesa

Estamos en Turín, Italia, viendo a la familia. Es sábado por la mañana y vamos al mercado a comprar cuatro cosas. Entonces en la conversación surge la palabra SHOPPING. Marco y yo habíamos planeado hacer una salida por la montaña ese mismo día pero el tiempo no acompañaba. El día anterior nos habíamos pasado buena parte del viaje lloviendo y justo llegar a la ciudad cayó una granizada que estuvimos unos veinte minutos dentro del coche sin poder salir. El día de hoy tampoco acompañaba mucho, cielo muy tapado.
A los dos esto del shopping no nos gusta nada así que buscamos plan alternativo, una ferrata.
Vamos a casa y miramos la predicción del tiempo, va a llover en Turín por la tarde y en Caprie se va a mantener.
Caprie es una región que está a unos 30 minutos en coche de la ciudad, justo en frente de la Sacra di San Michelle, donde también hay otra ferrata bastante larga. Yo quiero hacer algo fácil, por la tarde quiero salir a entrenar para la Cursa dels Bombers y hoy, según el miCoach de Adidas, me toca correr 35 minutos.
Acabamos de comer, cogemos "la ferralla" y hacia Caprie. La ferrata tiene el nombre de Rocca Bianca y tiene un recorrido de unas dos horas.
Dejamos el coche y comenzamos la aproximación. Empezamos bien ya que la aproximación es bastante corta, apenas cinco minutos.
Esta ferrata se divide en dos tramos separados por un trozo de sendero. Nos ponemos el arnés y disipador y comenzamos a subir. El primer tramos es bastante fácil pero, entre el calor que tengo y recién comido, hace que mi ascenso sea muy lento. Lo que más me sorprende es que todo el cable de vida está forrado con plástico, cosa que unas manos sudorosas agradecen.
Mientras voy subiendo me viene a la memoria la ferrata de Baumes Corcades, en Centelles. No es que se parezca mucho pero ir cogiendo altura y ver el pueblo a tus pies me viene a la cabeza.
Llegamos al final del primer tramo y ya me he bebido casi medio litro de agua, estoy sudando como un pollo. Este primer tramo ha sido bastante fácil. Caminamos un poco y comenzamos el segundo tramo. Éste es bastante más vertical aereo y con algún tramo de pequeño extraplomo.
Poco antes de llegar al final existe un puente tibetano, Marco decide cruzarlo, yo no. Nos que da un tramo final y ya acabamos la ferrata.
Descasamos un poco y empezamos el regreso. Debemos darnos prisa ya que el cielo empieza ataparse. Ya, mientras subíamos, habían caído alguna gota. Llegamos al coche en veinte minutos y regresamos a Turín.
Estoy bastante cansado y no me apetece correr por la tarde pero Marco no para de insistir. Menos mal que tengo una ayuda divina y empieza a llover y no parará en toda la noche.
Me he divertido mucho, lástima del calor que he pasado y de las gambas a la plancha que me iban subiendo y bajando.
No está mal para ser mi primera ferrata en tierras italianas.

sábado, 10 de marzo de 2012

Tossa Plana de Lles, a la tercera va la vencida

Hace dos años lo intentamos por primera vez. Caco, Edu y yo nos calzamos las raquetas y empezamos a subir. Nos quedamos en el Pla de les Someres.
El año pasado lo volvimos a intentar. Caco y yo no pudimos subir por culpa de dos caídas que tuvimos al pisar hielo, no había nieve para raquetas.
Esta vez no podíamos fallar. Hoy somos cuatro a subir: Caco, Edu, Joaquín y yo. Para Joaquín es su primera cima. Para no pegarnos el madrugón decidimos hacer noche en un camping cercano a la estación de esquí de fondo de Lles de la Cerdanya. Así que salimos de Barcelona a las cinco de la tarde y a las ocho ya estábamos en camping. Bajamos del coche y ya estamos a 0 grados, la noche parece que va a ser muy fresca. Montamos las tiendas y nos bajamos al pueblo a cenar. Entramos en una fonda llamada Domingo, también conocida en la zona por Ca l'Estupendu, donde nos metemos un surtido de embutidos y un entrecot de ternera. Nos ponemos como el Quico, a coger fuerzas para el día siguiente. Como no hay nadie más en el comedor el camarero nos controla todo el rato, la verdad es que sientes un poco incómodo pero al tercer vaso de vino ya pasas de él.
Ya en los cafés aparece un nuevo amigo, "pelut", un perro que no se separa de nosotros, supongo que es por si pilla algo. Yo que a los perros les tengo fobia me pongo a acariciarlo, el vino hace estragos. Pagamos (sablazo) y nos volvemos al camping.


El termómetro del coche ya marca -5 grados y bajando, así que corriendo a meterse en el saco. nos hemos repartido en dos tiendas: Edu y Joaquín en una, Caco y yo en otra. Un poco de cachondeo y a dormir.

Nos levantamos sobre las siete y media y hace mucho frío pero poco a poco vamos entrando en calor gracias al sol. Edu se queja del frío que ha pasado por la noche, tanto que se ha ido a pegar una ducha de agua caliente. Joaquín no se ha quejado mucho y Caco solo se ha quejado de mis ronquidos. La verdad es que los sacos que nos compramos para ir al Kilimanjaro van de maravilla. Un poco café, aseo y a recoger el campamento. Desde el camping las vistas son preciosas, se puede ver la Tossa casi sin nieve (como todo el Pirineo catalán este año) porque el cielo está despejado. Creemos que vamos a pasar calor.


Foto antes de salir y nos vamos al parquing de la estación.


La estación de esquí de fondo de Lles y el refugio de Cap del Rec se encuentran a una altura de unos 1900 metros. Desde aquí nos dirigiremos al refugio del Pradell, a una hora más o menos.

El itinerario a seguir es el mismo que se hace cuando realizas el circuito con raquetas, no hay perdida ya que cada poco hay carteles. El camino lo encontramos mejor que hace un año, sin tanta placa de hielo. Aun así hay que vigilar de no resbalar. Edu quiere que yo vaya delante para marcar el ritmo, se ve que a el le va bien.

Llegamos al Pradell en menos de una hora y comemos algo. Un poco de fuet y pan para reponer fuerzas y seguimos la marcha. El Pradell se encuentra a una altura de unos 2100 metros, aun nos quedan 800 de desnivel.


Recogemos y nos ponemos en marcha de nuevo, por el recorrido señalizado con raquetas. Vamos ganando altura y a la memoria me vienen imágenes del año pasado, donde nos tuvimos que dar la vuelta. Seguimos subiendo y pasamos el Pla de les Someres, a unos 2300 metros, donde hace dos años nos volvimos a causa de un dolor en la ingle de Edu. Cien metros más arriba decidimos hacer una pausa para hidratarnos un poco, ya hemos superado nuestro récord.

Seguimos la marcha y empieza la confusión. Yo me he bajado un track al GPS que me indica una subida más directa, por el cual quiero seguir. Caco quiere ir por el camino que sigue todo el mundo. Al final él cede y vamos por donde indica el track.

La subida cada vez es más pronunciada y tenemos que ir más lento, parando cada poco, a Edu le cuesta subir. Joaquín va muy bien, lo veo con fuerza.


El hielo cada vez es más frecuente y el viento también así que parada para abrigarse y a seguir. En este momento nos dividimos, hacemos dos grupos de dos. Caco sube con Joaquín y yo me quedo con Edu. A poco rato vemos como desaparecen y a nosotros nos queda un poco más.

Haciéndole conseguir pequeñas metas, poco a poco vamos ganando metro hasta por fin llegar a la cima, a 2916 metros de altitud, donde el viento es insoportable. Han sido cuatro horas y media parando a comer. Nos hacemos la foto de rigor y empezamos el descenso. la idea era comer en la cima pero nos es imposible.

La vuelta decidimos hacerla por el estany del Orri, sorteando placas de hielo y maldiciendo al viento que sopla. Caco y yo "discutimos" si un lago es el Estany del Orri y si eso es el Pla de les Someres o el Clot de l'Orri pero ninguno da su brazo a torcer. No llega la sangre al río.

Paramos a comer un poco de tortilla, flamenquines y pechugas rebozadas y seguimos el camino en seguida, vuelve a soplar el viento con fuerza y la estancia es bastante incomoda.

La bajada la hacemos bastante rápido, Edu tiene prisa y todos tenemos ganas de llegar.

Por fin llegamos al parking, muy cansados pero satisfechos. Cargamos el coche y para casa.

No han llegado a ocho horas de ruta con paradas incluidas para comer, doce km y medio y unos mil metros de desnivel.

Por fin la Tossa ha sido coronada.

sábado, 3 de marzo de 2012

Puig Castellar, el poblado ibérico de Sta. Coloma de Gramenet

Hacia mucho tiempo que no cogía la bici y la verdad es que me apetecía mucho, así que días antes me puse a buscar un recorrido que no fuera ir a Collserola.

En la página de la FEEC existe "els 100 cims", un listado de cumbres de toda Catalunya, y mirando encontré el Puig Castellar. Es un pequeña montaña de solo 303 metros que se encuentra en Sta. Coloma de Gramenet. En su cima hay un poblado ibérico.
Busqué un track y lo cargué en el GPS y a esperar al sábado.

Aun no son las 10 y salgo hacia el río Besòs. Cuando llego al parque fluvial veo que el track me envía río arriba y después a la derecha. Como no encuentro el camino sigo por la orilla del río hasta que doy con el track de retorno. Como el recorrido es circular decido hacerlo al revés.

Al principio la pista es ancha y no muy pronunciada, se sube bastante bien, hasta que llega un desvío a la derecha. Un sendero bastante fondoso que cada vez se inclina más hacia arriba teniendo que bajar de la bici, a la cual no me subiré hasta que llego casi arriba. Empiezo a entender porqué se hace al revés, a mi que me gusta bajar me daría miedo hacerlo.
Después de casi tres cuartos de hora empujando la bici para hacer menos de dos kilómetros, llego a una torre de luz donde el camino sigue igual de fondoso pero en la inclinación inversa, donde llego a una pista ancha y llena de indicadores. Los sigo y por fin llego a Puig Castellar.
No dejan subir hasta arriba del poblado en bici y hay un montón de gente así que decido no subir. Aunque hay parking para bicis no llevo nada para atarla, otro día lo veré. Como media barrita energética, bebo agua, me asomo al mirador (con la contaminación de estos días no se ve nada) y a seguir la marcha.
La bajada es otra cosa, pista ancha y bien indicada, solo hay que seguir las marcas rojas.

Al final han salido 23 km y unos 450 m. de desnivel acumulado.
Ahora ya se que si un recorrido está puesto en una dirección es por algo.

sábado, 14 de enero de 2012

Tagamanent desde Aiguafreda

Tagamanent, en el Montseny es una buena montaña para comenzar a entrenar. Está relativamente cerca de casa, a tres cuartos de hora de Barcelona, y su altura de 1055 metros la hace muy asequible para una mañana de sábado.
Salimos de casa sobre las diez y entre comprar el pan y varias cosas más llegamos a Aiguafreda sobre las once.
El camino no tiene pérdida, solo hay que seguir las marcas del GR-5 y te lleva directo. Hace bastante frío, el termómetro del coche marca los 0 grados, buena temperatura para estrenar los primaloft. Al ser un camino con un bosque denso hace que la escarcha no se haya fundido aún.
Una ruta de unos 11 kilómetros y unos 700 metros de desnivel acumulado. No está mal para empezar el año y orgulloso de Dolors, se ha portado como una campeona.



sábado, 6 de agosto de 2011

Mweka Gate, última estación

Hoy he dormido como un tronco, por fin he descansado como Dios manda. Después de la jornada maratoniana de ayer cualquier cosa que hagamos hoy se quedará corto.
Nos aseamos un poco y directos a desayunar, a acabar con los restos.Acabamos el desayuno y vamos a recoger los trastos. Mientras desayunábamos decidimos que dejarles como regalo. La gente les deja algo de material a los porteadores como regalo, parece que todo su material son presentes de expediciones anteriores. Josep y Merche habían hecho una mochila con cosas que amigos suyos les habían dado como botas viejas, pantalones, camisas, etc.
Todo mi material es nuevo, así que he pensado en darles el bastón con el que he subido, las botellas de agua y una braga polar. Según dicen, luego hacen un sorteo entre todos con todo el material. Caco también deja su palo y una botella de agua, Rosa también deja algo en el saco.


Una vez recogido todo nos reunimos todos. Ellos hacen una fila y es la hora de repartir las propinas. No están todos, falta un portador y el asistente de guía Joseph que se han tenido que ir la tarde antes porque el porteador ha cogido malaria. Las propinas es algo vital para ellos ya que su sueldo es muy bajo y gracias a éstas pueden sobrevivir mejor. El encargado de repartirlas es Josep, o como le llaman ellos "el papa".

Una vez concluida la repartición, Ewaldo nos hace un discurso de agradecimiento en su español. La verdad es que nos emociona un poco. Acto seguido nos cantan a coro una canción: Jambo Bwana, seguido de Kilimanjaro y otra que no se el nombre.


Un abrazo de afecto con todos e iniciamos el descenso. A partir de este punto vuelve la jungla con su vegetación fondosa y sus árboles llenos de barbas de San Jorge, contaminación cero.

Hoy todo es a otro ritmo y las caras de sufrimiento de ayer se han vuelto de auténtica felicidad. Es un sentimiento un poco contradictorio ya que te da pena que esto vaya a acabar en pocas horas pero con ganas de ver a las chicas, darnos una ducha, hacer una buena comida y dormir en una cama.

Los porteadores parece que también tienen mucha prisa, desciendes rapidísimo. Supongo que también tienen ganas de volver a sus casas.

El camino está muy mojado cuanto menor es la cota de altitud y con continuas escaleras. La verdad es que está muy cuidado salvo por los papeles que hay en el suelo. Nos adelanta nuestros porteadores y aparece Isaac con "nuestros" palos y unas botas. Éstas se las mete a Ewaldo en la mochila para que se las guarde ya que él baja de vacío. Parece que en el "sorteo" ha habido un poco de tongo. Es como en todo el mundo, existen las jerarquías.

Encontramos un riachuelo y, como Caco y yo tenemos las zapatillas llenas de barro y no hemos traído otras, probamos la membrana para el agua. Nos quitamos un poco el barro y seguimos descendiendo.

Unos metros más abajo de repente nos encontramos a unos niños con unos machetes y hoces que recogen hierbas. Realmente no se para que son pero lleva un buen montón. Sorprende ver a niños tan pequeños con estas herramientas, algo impensable en España. Cuando te ven primero te piden chocolate y luego dinero, luego veremos que es algo normal por esta zona.


Seguimos descendiendo y por fin llegamos a la entrada del parque Mweka Gate, el final del recorrido. Es muy diferente a Machame Gate y hay infinidad de gente entre turistas y personas que venden de todo. Vamos directamente a la caseta donde tenemos que firmar nuestra llegada. Como hay mucha gente tenemos que hacer un poco de cola. Mientras esperamos no dejan de venir gente a venderte cosas, desde cuadros hasta chicas ofreciéndose a limpiarte los zapatos.



Caco contrata los servicios de una chica que le limpia las zapatillas por dos euros y, viendo el resultado, yo hago lo mismo. Aun nos queda una semana de estar por aquí y no vamos a ir con las botas de montaña.

Firmo en el libro de registro y compro un Buff del Kilimanjaro por 15 dólares. Isaac me tiene que dejar sus chanclas ya que aun no me han devuelto mis zapatillas. Cuando me las devuelven parecen sacadas de fábrica, dinero bien invertido.

Debemos descender un poco más ya que el shuttle se encuentra unos metros más abajo. Es un trayecto infernal ya que no paran de intentar venderte algo o cambiártelo por otra cosa.

Por fin llegamos al bus y nos encontramos a nuestros porteadores allí. Nos quedamos sorprendidos ya que están irreconocibles. Se han aseado y se han cambiado de ropa. Y nosotros vamos hechos unos guarros.


Es increíble, nosotros ya en el interior del shuttle y la gente aun sigue intentando venderte algo, a mi se me hace pesado pero lo entiendo perfectamente. Para ellos somos dólares con patas.

Por fin el bus se pone en marcha y nos dirigimos a Moshi, donde dejaremos a buena parte de los porteadores y el material.


Llegamos a Moshi y, mientras descargan las tiendas y demás, aprovechamos para beber una cerveza fresquita. Nos volvemos a montar en el bus y nos ponemos rumbo a Arusha. El viaje es de una hora más o menos y se hace muy ameno. Llegamos al hotel que teníamos contratado, el Outpost, y nos dicen que no tenemos reserva. Nos ponemos en contacto con Tabía Safaris y nos dicen que nos han cambiado al Hotel Impala, así que nos dirigimos hacia allí. A Josep no le ha sentado muy bien ya que lo que había visto del hotel le gustaba mucho. Luego nos enteraríamos por Dolors y Rocío que está mejor el Impala, el Outpost estaba un poco hecho polvo.

Llegamos al hotel Impala y nos despedimos definitivamente del resto de la expedición. La verdad es que quedamos muy contentos con todos.

Nos registramos en el hotel y hemos quedado en un cuarto de hora para comer ya que es un poco tarde. La verdad es el sitio está de lujo, cualquier cosa es buena de donde venimos, y la tentación por darte un baño es muy grande pero el hambre puede más.

Bajo al Loby y están todos menos Rosa, no ha podido resistir la tentación y se lleva su bronca correspondiente.

Pedimos la comida, un plato de pasta realmente bueno (cualquier cosa está buena después de comer una semana lo mismo) y las cervezas correspondientes.

Llamamos a las chicas para informarles de nuestro paradero y ellas están de excursión en Moshi. Lo malo es que tienen la reserva de hotel ahí por error, así que hay que volver a llamar a Tabía para aclarar las cosas.

La comida se alarga y aparecen a visitarnos la gente de Tabia, Eugeni y Tina. Compartimos con ellos nuestra experiencia mientras esperamos a Dolors y Rocío. Hemos hablado con ellas pero parece que no nos hemos entendido muy bien. Llegan al hotel y no nos encuentran. Se pasan una hora buscándonos y al final ya estamos todos juntos. Aparecen ellas dos con el que va a ser nuestro guía en el safari que realizaremos, Elías. Comentamos un poco nuestras aventuras y quedamos para cenar. Vamos a ir a un sitio donde se cena típica comida tanzana. Iremos con Elías y luego se sumarán Eugeni, Tina y Naiman.

El sitio es bastante pintoresco, como una gran terraza donde la luz se apaga cada dos por tres. La cena también pintoresca, patatas con una especie de puré de no se que y ternera. Ésta parece como morro, con pelos incluidos, y personalmente prefiero la pasta del mediodía.

Cenamos, charlamos, bebemos y nos volvemos al hotel. Por fin una cama.


Ha sido una experiencia totalmente inolvidable. Siete días, 4000 metros de desnivel y un montón de recuerdos imborrables.


Por ahora el viaje de mi vida, no solo por la expedición sino por el safari de después.